por Gabriel Bulgach

La tendencia incremental de la desigualdad en la distribución de la riqueza mundial y su concentración en cada vez menos manos está llegando a un punto de inflexión, afirma un reciente estudio realizado por la Cámara de los Comunes del Reino Unido y publicado hace pocos días por The Guardian[1].

Entre los factores que exhiben como causales, “los analistas sugieren que la riqueza se ha concentrado en la parte superior debido a la reciente desigualdad de ingresos, mayores tasas de ahorro entre los ricos y la acumulación de activos. Los ricos también invirtieron una gran cantidad de capital en negocios, acciones y otros activos financieros, que les han otorgado beneficios desproporcionados”.

Y alerta sobre las posibles consecuencias: Si no tomamos medidas para reescribir las reglas sobre cómo funcionan nuestras economías, entonces nos condenamos a un futuro que sigue siendo desigual para siempre. Eso es moralmente malo y económicamente desastroso, arriesgando una nueva explosión de inestabilidad, corrupción y pobreza”.

Desnaturalización política del proceso económico

El proceso de concentración de la riqueza no puede comprenderse como un fenómeno aislado sino que es concomitante a otros procesos de concentración de poder, como el político, el militar y el de la producción simbólica de la realidad por los medios de difusión. Es decir, no sólo la riqueza se concentra en cada vez menos manos, sino los diferentes elementos a través de los cuales se ejerce el poder. De esta manera, reescribir las reglas no sólo debiera referirse a la economía, sino a un modo de estructuración de lo social y de las relaciones humanas.

“Reescribir las reglas” implica una puja de intereses contradictorios, en el que los actores con mayor acumulación de influencia y poder son los que cuentan con la mayor capacidad de imponer sus visiones. Y es evidente que los actores con mayor poder (multinacionales, organismos financieros internacionales, banca privada, etc.) son parte interesada en que las reglas no cambien demasiado.

Reescribir las reglas habrá que considerarlo dentro de la noción de conflicto social, de la permanente lucha de los pueblos en dirección a la humanización del proceso social. Por lo que también las transformaciones en lo económico se comprenden como resultado de la lucha de intenciones humanas y no de supuestas “leyes naturales” que regularían ese campo social. Resulta evidente entonces,  que nos adentramos en el campo de la política, y por lo tanto de los intereses y las ideologías.

Retomamos algunas ideas desarrolladas en el Documento Humanista[2], en su capítulo I- El capital mundial:

Los humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan que hoy el mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación, salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo. (…)

Para los humanistas existen como factores de la producción, el trabajo y el capital, y están demás la especulación y la usura. En la actual situación los humanistas luchan porque la absurda relación que ha existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal desequilibrio con el “riesgo” que asume la inversión…. como si todo trabajador no arriesgara su presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la decisión en el manejo de la empresa. La ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección sean compartidas. De otro modo, ¿cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del capital, no en las ganancias que se puedan obtener como consecuencia del aumento en la productividad. Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo real.

En cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas ha de aclararse que esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad del esquema actual lo lleva a su saturación y crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital hacia la banca resultando de ello que el mismo empresario se va convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar éstos puntos.

Reestructuración del sistema financiero internacional y economía mixta

Si de reescribir las reglas se trata, consideramos algunos de los aportes del humanista y economista Guillermo Sullings desarrollados en su última publicación, “Encrucijada y futuro del ser humano”[3]. En una apretada síntesis, postula la necesidad de:

  • Creación de una banca internacional solidaria en camino a un banco central mundial, que reemplacen a los organismos financieros internacionales actuales, y que se oriente a la financiación de proyectos productivos,
  • Creación de una divisa común para la comercialización internacional,
  • Acuerdos internacionales para evitar triangulaciones que terminen en paraísos fiscales
  • Estrictas regulaciones nacionales que impida la fuga de capitales
  • Creación en los países de la banca estatal sin interés
  • Terminar con el drenaje financiero de las ganancias empresariales hacia la especulación y la usura, forzando su reinversión productiva,
  • Prohibición absoluta de prácticas usureras y especulativas, poniendo todo el sistema financiero al servicio del desarrollo,
  • Política monetaria expansiva de precisión, dirigida al financiamiento de proyectos productivos planificados en coordinación entre el sector público y el sector privado,
  • Puesta en marcha de proyectos productivos municipales elaborados por comités de desarrollo local,
  • Legislación laboral para la participación de los trabajadores en las ganancias, propiedad y gestión en las empresas,
  • Desarticulación de monopolios, en particular aquellas referidos a servicios públicos y monopolios de comercialización que explotan a los pequeños productores,
  • Regulación del mercado de capitales, evitando la inversión especulativa, estableciendo plazos mínimos entre la compra y la venta de acciones, y cobrando una tasa en cada operación.
  • Planificación del desarrollo productivo general buscando transformar la matriz consumista y depredadora de los recursos naturales, en otra de consumo racional y equilibrado para todos los sectores de la sociedad.

Perspectiva de Derechos Humanos

En camino a la transformación social hacia una sociedad de iguales, el enfoque o perspectiva de derechos humanos marca el trazo ideológico y filosófico adecuado.

Este enfoque, formalizado en diversos instrumentos jurídicos ratificados por cientos de países a lo largo y ancho del mundo, es pisoteado y defenestrado en la práctica cotidiana de la organización del bienestar social.

Por el simple hecho de ser humano, de nacer humano en este tiempo y espacio, la perspectiva de derechos reclama un conjunto de bienes y servicios que deben estar garantizados para cada individuo.

El único modo en que garantización de derechos y mercantilización puedan combinarse será a partir de la implementación de un monto de dinero que permita a cada quien comprar en el mercado esos bienes y servicios que permitan la satisfacción de la necesidad en cuestión.

En este sentido, la implementación de políticas universales del tipo de renta básica ciudadana, ingreso mínimo universal (o los diferentes nombres que asuma), van en la dirección de colaborar a reducir la desigualdad social mundial. La renta básica se trata de un ingreso monetario provisto por el Estado a cada ciudadano, independiente de su condición de edad, sexo, raza, situación económica, etc., es decir, es incondicional, universal, individual y en monto suficiente.[4]

[1] https://www.theguardian.com/business/2018/apr/07/global-inequality-tipping-point-2030

[2]  http://es.humanipedia.org/index.php/Documento_del_Nuevo_Humanismo

[3] Virtual Ediciones, Santiago de Chile, 2016

[4] Para ampliar sobre la RB, https://www.pressenza.com/es/tag/renta-basica/

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