Reverbera el eco tus gemidos, piel quemada, tormentas, encrucijadas, entretejidos miedos, sin resuello quedas.

Vistes de  luto, buscas el silencio, piel que dormita el alma mientras transitas.

Aliento helado penetra, cascada de hielo, latidos, se entremezclan en el averno momento en que tu vida se apaga.

Confundido caminas, encuentras cloacas, ratas, buitres, serpientes que rebuscan en la basura, oscuridad de esa piel que habitas.

Sin lazos, vértices que buscan ser vacío barruntan contra el muro, desasosiego. El horizonte se difumina ante tus ojos.

Resbala la luz y el sonido, se diluye a tu paso tu esencia.

Sin entender buscamos con ansia, queremos saber cada detalle de una vida. Entretejer su alma paso a paso impregnándonos de su esencia, robar su ser.

Ladrones somos, intimidad rasgada, velo que cubre esencias, rasgado queda.

Miedo es el presente mientras fluye la vida, hacemos del momento aciago destino, barreras inaccesibles tejemos, abrimos abismos inexistente donde la belleza queda mutando el destino, imponemos tormentas tras la muralla, el manto cubre hermosa luz que se refleja más allá de tu mirada.

Crujen mis pasos, las manos huecas, antecedes mi llegada sin más ceremonias, los encuentras dispersos.

Te observo mientras tu mirada se pierde, horizonte que marcas precediendo al mañana.

Dibujas en el cielo mi figura atrapada entre las nubes. Caricias son tus versos.

Tormentas que eclosionan, fluidos que desbocan, latidos que se pierden entre carreras y vértigos, sensaciones que se cuelan, momentos que dispersan sueños que se quedan entre las olas que el huracán  crea.

Te soñé de nuevo mientras mis neuronas chispean y los cuerpos delatan labios que se rozan, abrazos que te atrapan.

Bajo el brillo de tu aura, serena quedo, con tu halo de plata, entretejo mi armadura, tu reflejo sereno me alcanza.

Entre las aguas semejas corona, princesa hermosa, deslumbras, reflejo de luz que tiemblan en sus arrullos, mientras el cauce avanza y acuna tu dulce mirada, mi niña.

Te observo en la prudente distancia en que me ubico. No interfiero tu camino, no cuestiono tus decisiones, no contradigo tus deseos.

Tu y te…
yo y mi…
Nosotros antaño.

No están despiertos los dormidos instintos del humano que ante sugerente y atractiva realidad inexistente descubre una caricia que perturbara sus emociones, enhebrando el deseo de ser volcán que fluye tras dibujar en su mente geografía que recorre placenteramente dejando que lata la vida entre sus dedos, encumbrando el momento, la sonrisa despierta en la humedad de piel mientras me piensas, abstracto momento, la mente, vehículo perfecto de historias sobre encuentros que nunca serán sentidos en la piel.

Incoherencias sentidas sinsentido, inexistentes, que siembran latidos.

Cerré los ojos y acepte tu reto, volé contigo. Juntos aleteamos en el cielo. El astro rey acaricio tu rostro, las nubes escondieron nuestro besos inventados, las caricias de tu mente. Fuiste mio sin espera acompasamos latidos, respiración agitada. volamos.

La piel receptora de ambrosía despierta. El roce de tus dedos en mis pechos latiendo mis entrañas en las tuyas, dibujamos en nuestra mente un delicado paseo, descubrimos nuestros cuerpos, gozos, fuimos uno sin saberlo rompiendo las inaccesibles barreras, distancia y tiempo, acercando sentires, caricias al alma.

Prendidas quedan a fuego lento, corazón que late canallescamente te desea, geografía incierta desconocida, solo en nuestra mente, sutilmente dibujada,trazos que duermen arrullados por el viento que nos aloja.

En la soledad de esos mundos donde el frío y la torpeza atoran dañando la piel, coexisten  esos miedos mientras reescribes tu historia y la bañas de luz.

Reflejos equivocados, erróneos sentimientos, momentos sentidos desbocan el alma, tiemblan las manos, enfrían la piel, dejan al descubierto el corazón que ligero te alcanza, te siente, te ama.

Roces inciertos, tiernas caricias, viento que despierta sensaciones, vida que barrunta odas que reverberan preguntando al cielo si aun hay vida en tus entrañas.

Y tu nombre se tatúa en la piel que envuelve mi alma, fue verbo y es latido, no lo dudes, aún persistes viviendo.

Marijose.-

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