El Ártico ruso va a equiparse con varios aeródromos militares, cuya construcción se inició hace 3 años. La mayoría de ellos ya puede recibir aviones de la Fuerza Aérea. Garantizar la seguridad en el extremo norte del país es un tema candente desde hace décadas y finalmente Moscú ha decidido tomar cartas en el asunto.

Las principales bases aéreas se encuentran en cabo de Schmidt, la isla de Wrangel, la isla Kotelni, el archipiélago de Tierra de Francisco José y la región de Múrmansk. Estas bases ya son capaces de recibir tanto aviones de transporte pesados como cazas interceptores —principalmente los MiG-31—. Estos últimos destacan por su capacidad de alcanzar la estratosfera y destruir desde allí diversos tipos de misiles balísticos o naves de un potencial enemigo.

“Para la aviación de combate es extremadamente importante tener lugares de despliegue en tierra para poder interceptar al enemigo de manera operativa (…) En el norte, donde las distancias son de miles de kilómetros, es más que importante poder despegar desde distancias más cercanas. No tener que perder tiempo despegando desde, por ejemplo, Novosibirsk [en el sur de Siberia], sino directamente desde el océano Glacial Ártico”, explica el experto de la Fuerza Aérea Alexandr Drobishevski.

La aviación estratégica también saca provecho de estos nuevos aeródromos. Si bien sus aeronaves no necesitan estar desplegadas en el lugar de manera permanente, en caso de necesidad pueden ser reubicadas a lo largo de toda la frontera norte de Rusia y emplear esos aeródromos como base para realizar incursiones al continente norteamericano por la vía más corta: el polo norte. Básicamente, estas bases permiten tener esa parte del mundo ‘al alcance de la mano’, estima Drobishevski.

Además de las cinco bases principales esparcidas a lo largo de la costa norte, el Ministerio de Defensa está inmerso en la reconstrucción y modernización de otros diez aeródromos de escala en Siberia y en el centro del país entre los que destacan Rogachovo y Narian-Mar, en la región de Arjanguelsk, Tiksi, en la república de Sajá, Severomorsk-3, en Múrmansk, Vorkutá, en la república de Komi, Alikel, en la región de Krasnoyarsk, y Anadir, en Chikotka.

La idea es crear una especie de ‘telaraña’ que permitirá ‘atrapar’ cualquier amenaza proveniente del norte, explica el experto militar Vladislav Shuriguin.

“Antes cubríamos el norte principalmente con las fuerzas de defensa antiaéreas, que ahora también serán reforzadas (…) El uso de la aviación en el Ártico fortalecerá notablemente el potencial de la defensa. Ahora, como se dice, no podría pasar ni un ratón”, anota Shuriguin.

El problema de asegurar la costa norte del país surgió a mediados del siglo pasado, cuando en primavera de 1949 la aviación estadounidense comenzó a realizar vuelos de reconocimiento a lo largo de las fronteras de la URSS. Las naves norteamericanas periódicamente realizaban incursiones en territorio soviético y calculaban la velocidad de los radares soviéticos en detectarlas. Cuando se sabían descubiertos, regresaban inmediatamente a sus bases.

Los estadounidenses necesitaban esa información para su operación Dropshot, según la cual planeaban lanzar cerca de 300 bombas atómicas y 200 mil bombas convencionales sobre objetivos de la Unión Soviética. Implementar este plan era más rápido y sencillo si se hacía desde el norte.

Es por eso que hoy día se está reforzando militarmente el Ártico ruso. Esta región ha sido y sigue siendo no solo un elemento importante para el desarrollo económico del país, sino también una plataforma estratégica para poder mantener el equilibrio de fuerzas de disuasión nuclear.

En la isla Kotelni, con una temperatura media de +3°C en verano y de –30°C en invierno, los ingenieros militares rusos levantaron la base modular Temp, con pista de aterrizaje, radares, sistemas de defensa aérea y estación de sismología, entre otros equipamientos. Foto: Ministerio de Defensa de Rusia.

En la isla Kotelni, con una temperatura media de +3°C en verano y de –30°C en invierno, los ingenieros militares rusos levantaron la base modular Temp, con pista de aterrizaje, radares, sistemas de defensa aérea y estación de sismología, entre otros equipamientos. Foto: Ministerio de Defensa de Rusia.

(Tomado de Sputnik)

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