Los héroes

Si héroe es aquella persona que con pocos recursos es capaz de superar situaciones extremas, nuestra época está plagada de héroes. Digamos: héroes a la fuerza. Son los trabajadores y trabajadoras pobres, que con sueldos neo esclavistas tienen que comer, y dar de comer a sus posibles hijos-as, atender a sus gastos en educación, dedicarles tiempo para convivir y educarles, pagar vivienda, energía e impuestos, partidas todas ellas en creciente, excepto sus miserables salarios. Como es imposible que les cuadren las cuentas, se ven obligados a acudir a servicios sociales y bancos de alimentos. Y aunque esta situación nos parece insalvable, incluso para un héroe o heroína, no creamos que sea de las peores. Pensemos en desempleados sin derecho a ayudas sociales, en familias con ingresos cero, en ancianos cuya pensión- congelada – apenas si les llega para comer y aún se ven obligados a ayudar a sus hijos sin trabajo. Y si no nos parece bastante su heroicidad, añadamos la de los habitantes pobres africanos en desbandada hacia la “cristiana y democrática” Europa, donde son rechazados como si de animales se tratase.

Ocho son los millones de personas en riesgo de exclusión social, por ejemplo en España, en esta rica Europa; ocho millones de héroes en riesgo de sobrevivir. Y ahí entran toda clase de gentes: jóvenes que no encuentran trabajo, o que lo encuentran por semanas, por días y hasta por horas a cambio de vergonzosos sueldos; personas discapacitadas sin ayudas o con ayudas irrisorias que les condenan a vivir en condiciones inhumanas; inmigrantes “sin -papeles” encarcelados en espera de ser deportados o camuflados en las ciudades y malviviendo; niños y niñas cuya única comida diaria se las proporciona el comedor escolar, pero se les exige en los colegios lo mismo que a los afortunados.

Hasta dos mil millones en todo el extenso mundo podrían ser enaltecidos por su capacidad de afrontar situaciones insostenibles sin acudir a suicidarse, o al psiquiatra, o al terrorismo, pero entre sus semejantes acomodados son pocos los capaces de ponerse en su lugar y admirarlos por su valor de sobrevivir. Muy al contrario: se les rehúye, se les excluye de sus vidas, o se les dedica un ¡“qué pena”!…Estos son héroes que podríamos llamar “en negativo”; supervivientes en la tremenda desigualdad del mundo mientras no mueran de hambre o de una enfermedad fácilmente curable. Héroes muertos siempre en estricto anonimato, silenciosamente, como si no quisieran molestar, son esos dos mil quinientos o tres mil ahogados en el Mediterráneo intentando llegar a Europa en el 2017. ¿Quién lleva la cuenta real sino Dios, su Padre y el nuestro?

Existe otro tipo de héroes. Podríamos llamarles “héroes correctores” Unos rescatan migrantes en el mar; otros defienden el medio ambiente, los derechos humanos, las libertades, la salud, la infancia los animales. Otros, como en la alemana Vida Universal, defienden proyectos de transformación espiritual desde la libertad de conciencia y el espíritu crítico cristiano, que los gobiernos presuntamente democráticos y las Iglesias presuntamente cristianas miran como se mira a un enemigo. Pertenecen al mundo de los antihéroes.

Los antihéroes viven de rentas, de explotar el trabajo ajeno, del engaño, del expolio, y diversas malas artes de villano. Se encaraman sobre altos sillones de poder colocados sobre la ruina de quienes han convertido en sus víctimas mientras hacen alabanzas a la honradez, al espíritu de sacrificio, a la honestidad, a las leyes, a los derechos y al orden. Y por supuesto, a los valores cristianos made in Vaticano. Pese a tan alto nivel de cinismo, son admirados por casi todos, héroes incluidos, imitados en la medida de lo posible y hasta elegidos en urnas como responsables de una comunidad o de un país. Si fuese una película de ficción, asombraría tal distribución de papeles. Aquí, simplemente nos avergüenza.

¿Qué revela este estado de cosas?

Conformismo, miedo, sumisión y hasta connivencia con el bando de los antihéroes es algo cotidiano en todo el Planeta. Esto es debido a diversos factores: incultura, pobreza, autoritarismo de gobiernos, la prepotencia de los ricos y poderosos antihéroes y la eficacia de sus tretas para conseguir ser admirados en lugar de cuestionados. Sin embargo, este sencillo análisis quedaría limitado de no considerar un factor poco mencionado hasta ahora: Se trata de la consciencia.

Un nivel determinado de consciencia -que es ética y espiritual– determina que cada persona perciba la realidad de una u otra manera, valore unos u otros aspectos de la misma, jerarquice sus contenidos y actúe en consecuencia. El nivel de consciencia es el resultado de la relación de cada uno con las leyes espirituales, en especial con la ley del amor desinteresado a Dios y al prójimo.

Un alto nivel de consciencia es el resultado de un correspondiente cumplimiento de esas leyes. Es sumamente raro hallar entre los ricos y poderosos un alto nivel de consciencia, lo que les lleva a actuar fácilmente contra las leyes espirituales sin miramiento alguno. Por ello, sus almas – que es lo que viene a contar al fin y al cabo- se cargan de injusticias y desmanes de todo tipo. Antes o después encarnarán en alguno de esos países empobrecidos por ellos, y se verán obligados a vivir – por la ley de causa y efecto o ley del karma- como una de sus víctimas de esta existencia. Serán entonces pobres y héroes tan forzados a serlo como los que hemos descrito, muchos de los cuales fueron ya ricos y poderosos antihéroes en esta saga de la existencia humana en la Tierra.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí