Para cualquier persona con un poco de conciencia resultan  inadmisibles y vergonzosas las actitudes de los políticos europeos contra los que buscan refugio en estas democracias formales actualmente  en declive debido al poder de las grandes empresas multinacionales  y de instituciones financieras tan importantes como el Banco central de los bancos centrales (Banco Internacional de Pagos), que controla el flujo del dinero en todo el mundo sin que exista control alguno por parte de los ciudadanos, ni siquiera sobre lo que hace su propio banco con el dinero de sus ahorros mientras usted no los reclame.

Resultan intolerables las políticas de pérdidas de derechos de los que son responsables los gobiernos,  sobre todo cuando se recuerda que la idea de democracia nació en nuestro continente.  Desde  principios de siglo especialmente, las libertades, la seguridad y el bienestar, han ido retrocediendo en todo el mundo, y por supuesto, en esta Europa controlada por los grandes intereses descritos, y donde quienes dirigen a los políticos europeos nunca son los pueblos, sino personajes desconocidos en despachos ignotos que no son elegidos, o que lo son por otros que tampoco han sido elegidos por la ciudadanía. La democracia está siendo secuestrada por esas gentes, y se pretende que los ciudadanos les sirvamos a ellos mientras ellos se sirven de nosotros y arruinan nuestras economías y formas de vida. Todo ello explica la deriva, en el caso de  la Unión Europea, hacia un autoritarismo respaldado por esos poderes oscuros, el auge del neofascismo y el empobrecimiento de las clases populares, que no son escuchadas, pero en cambio fácilmente amordazadas.

Esta Europa, que siempre presumió de derechos humanos, tendría que responder: ¿dónde están los Derechos Humanos de los que buscan asilo y de sus hijos en las fronteras del Este y del sur? ¿Dónde está el espíritu de tolerancia, acogimiento y humanitarismo que  esta Europa exhibe  aún cínicamente orgullosa  en los escaparates del mundo? Miremos  a los ojos de los dirigentes políticos, a los ministros de todos los países, a los cardenales y obispos. Miremos  al Papa. ¿Qué están dispuestos a hacer? Una sola cosa: Quitárselos de encima. En el pasado se utilizó a los inmigrantes para levantar sus países  y ahora les desprecian. Algo que habla por sí mismo sobre la catadura moral de los dirigentes políticos y religiosos.  Pero Europa, cómo no, está formada por Estados de Derecho donde se respetan tanto las libertades que se deja a la gente morir libremente en sus fronteras. Unos de frío, otros de hambre y otros por suicidio. Libres ante todo.

Estamos en un proceso político, social y económico hacia ninguna parte. Ya verán cómo paso a paso se va derrumbando este castillo de naipes manejado por hipócritas cada vez  más preocupados por sus paraísos fiscales a medida que el Planeta siga rebelándose ,produciendo catástrofes y reduciendo su capacidad productiva; cuando los recursos energéticos escaseen o sean inalcanzables los alimentos y caros y poco efectivos los medicamentos. Veremos qué dicen los pueblos  cuando sean insoportables los bajos los salarios, poco duraderos los empleos y más difíciles de conseguir, y se agolpen los hambrientos y fugitivos climáticos en todas las fronteras del pan.

Entonces muchos abrirán los ojos. Pero ya hoy ¿quién  cree de verdad que los políticos van a solucionar estos  problemas? Porque hay demasiadas gentes ingenuas  que todavía espera de ellos que lo harán bien, y  controlarán todos esos grandes asuntos  que ni los propios  políticos se creen ya , igual que  los Papas  nunca creyeron en  el Sermón de la Montaña  ni tan siquiera en los Derechos Humanos que nunca firmaron.

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