Hoy luce el sol en este otoño impregnado de viento frío y escasas lluvias.

Ni una sola nube mancha el azul intenso del cielo.

Mal presagio para proximos meses, el agua sera racionada para todos, en casi toda españa, nos acercamos tal vez, a otros países considerados pobres donde no hay agua.

De hecho huele mal al abrir los grifos y sabe peor. En este caso habrá algunos beneficiado, las fábricas donde se envasa el agua mineral. Aquellos de donde procede.

Los cultivos ¿Qué ocurrirá con ellos? Si no pueden ser regados. Nos quedaremos tal vez sin alimento.

Los animales que viven en los bosques, en las dehesas, en las altas montañas no tendrán tampoco agua, la nieve es también insuficiente, las nevadas son cada vez más escasas, no recuperándose los acuíferos.

Todo aquello de lo que se advirtió hace ya tantos años, va llegando.

Los hielos se deshacen. Un gran iceberg se  desprendió en el mes de julio.

El nivel del mar sube y la desertización avanza, creo que mucho más rápido de lo previsto.

No pertenezco a ninguna asociación, pero no estoy ciega, mi mirada delata y todo esto ocurre aunque intenten desviar nuestra atención hacia otros asuntos.

La contaminación sobrepasa los niveles máximos establecidos para que no se produzcan daños en la salud.

Cada vez hay más virus a los que nuestro organismo se va acostumbrando. Pero tal vez llegue un día en que esto ya no sea posible y empiecen otros problemas a dar la cara.

Quisiera que esto tarde en llegar, pero se palpa, se respira. Cada vez hay más alergias, los alérgicos deben utilizar mayor cantidad de medicación cada vez.

No hay viento, si lo hay es insuficiente para desplazar esa capa negra que cubre las ciudades. Ya ni en la montaña se respira aire sano.

No tengo claro el futuro que nos espera a los humanos, pero menos aún el que le espera a la madre tierra que nos acoge, no hemos sido nada cuidadosos con este préstamo que nos hicieron. Ella es el lugar donde nos alojamos y a cada momento la agredimos y ella comienza a enfadarse.

Aquí no vale “Lo siento”. No podemos dar marcha atrás. Aquí, si aún estamos a tiempo, solo queda, tomar medidas serias.

Dejar el coche en casa no es suficiente. Las fábricas, las empresas, todo lo que llega a los ríos y el mar, debe controlarse.

Hay que dejar de ver sólo los beneficios obtenidos, hay que tomar medidas para todo lo que provoca daño a la tierra, dejar que nuestro entorno se recupere. De que servirá el dinero mañana, si no podemos vivir, nada más, que encerrados en mundos de hormigón donde todo sea artificial, la vida, la comida.

Luchar de manera efectiva contra los incendiarios que nos dejan sin árboles, sin zonas verdes que ayuden a que la contaminación disminuya, a que las lluvias se acerquen.

No etiquetarnos como manda la sociedad en que coexistimos, dejar que disminuya el consumismo que aunque envuelto en regalo de papel, como si fuéramos nosotros los que elegimos, se nos ordena consumir.

Poseer, tener, todo aquello que vemos, mejor que el vecino. único para nosotros.

Un deseo que hay que hacer realidad, mientras ellos se llevan el dinero que nos dan por trabajar. Todo vuelve a ellos de una manera u otra.

Creemos que somos libres, que tenemos capacidad para elegir. Pues si, la tenemos, pero son pocos los que rebeldes que se oponen a esta sociedad que nos moldea, que nos incita, que nos controla.

Marionetas, mundos de papel.

Hay que tener claro que cada día avanza el monstruo de la destrucción en todos los sentidos.

La deshumanización y el individualismo cada vez es mayor.

El hormigón y los ladrillos avanzan, convirtiéndolo todo en mundos de papel.

Marijose.-

 

 

 

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